Beirut: un barrio, una frase, una guerra

 

“Me acuerdo del Renault 13 azul marino de mi madre que tenía la carrocería llena de agujeros de bala y cada vez que caía un obús en el barrio volaba el parabrisas. Mi madre se cansó de cambiarlo”. Zeina Abirached

“¿Pero es seguro?”, me decían. Comencé a tener la sospecha de que la guerra de Beirut se había quedado enquistada en las conciencias de la gente. Sin embargo, han de saber que esa guerra acabó hace 28 años y que en este tiempo la ciudad ha pegado un giro.

En el barrio de Downtown donde he pasado varios días, lo primero que vi de Beirut fue mucho dinero, lujo, coches prohibitivos para la mayoría del planeta y de esos que hacen ruido para aparentar, restaurantes de nivel con hombres y mujeres empeñados en vestirse como de boda un día cualquiera, limpieza en las calles y edificios nuevos porque esta zona de la ciudad ha sido totalmente reconstruida.

Pero también vi desde un primer momento que en Beirut era libre de vestirme como quisiera abarcando desde shorts o minifaldas hasta un burka, que encontrar alcohol en los restaurantes no era una excepción y que encontrar a gente de distintas religiones iba a ser el pan de cada día.

“Me acuerdo que durante la guerra el autobús del colegio no pasaba por nuestro barrio porque sus calles estaban muy cerca de la línea verde”. Zeina Abirached

De camino al barrio de Gemmayzeh crucé el antiguo trazado de la línea verde, una línea imaginaria que durante los años de la guerra civil aisló a musulmanes y cristianos. Militares de ambos bandos se situaban a los lados de la línea y pisarla era riesgo de muerte. Tanto tiempo sin que nadie pusiera un pie, hizo que la hierba empezara a crecer sin control y de ahí el nombre de línea verde.

En este barrio vi el Beirut más hipster con fachadas antiguas pero con encanto, restaurantes a cada cual con una decoración más chic, bares que siguen abiertos pasada la madrugada, calles empinadas con interminables escaleras y street art en cada esquina. Me ha sorprendido que vaya donde vaya los libaneses se defienden en árabe, en francés e inglés. ¡Suerte de su herencia!

“No me acuerdo del último día de la guerra pero me acuerdo de la primera vez que pudimos darnos una ducha de verdad”. Zeina Abirached

Beirut me ha sorprendido porque es una ciudad por la que se puede caminar a gusto y cómo también me habían hablado del barrio de Hamra, lo recorrí de punta a punta. Al igual que en otras zonas de Beirut, aquí quedan secuelas de la guerra así que paseas entre edificios renovados y edificios donde todavía persisten los restos de disparos en las fachadas.

Una curiosidad tanto de Hamra como de otros barrios céntricos, es la cantidad de bancos que hay. Años atrás Beirut fue conocida como “la Suiza de Oriente Medio” porque también había secreto bancario. También es curioso que todos los cajeros dan tanto dólares como libras libanesas siendo el cambio fijo 1$=1500LBP.

“Me acuerdo de la primera vez que estuve en el centro de la ciudad que tras los violentos combates volvió a quedar accesible para todos los beirutíes”. Zeina Abirached

Y por último estaba decidida a encontrar la cara mediterránea de Beirut y me di un paseo por la Corniche de 4km pegada al mar desde el Yacht Club hasta Raouche Rocks. Esta zona está animada al atardecer cuando la gente sale a pasear, correr, montar en patinete, tomar una limonada con menta, pescar, bañarse, etc.

En breves saldré de Beirut para poder hacerme una pequeña idea de cómo es Líbano fuera de su capital.

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