Luxor: ¡Qué extraño emocionarse al despedirse de piedras!

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La antigua Tebas, los exploradores franceses quedaron sorprendidos por el tamaño de esta ciudad y llegaron a compararla en extensión con París. Seguramente en aquella época no habría tropecientos incansables hombres ofreciéndoles montar en calesa o dar un paseo en felucca.

El diseño de la ciudad de Luxor muestra las creencias egipcias. El río Nilo cruza la ciudad de Sur a Norte, quedando en la parte Este, por donde sale el sol (el dios Amon Ra), los templos donde hacían vida faraones, sacerdotes y la zona donde vivía el pueblo. El otro lado del río Nilo, el Oeste, por donde se oculta el sol y desaparece el dios Amón Ra, se asocia a la muerte y por ello los faraones construyeron aquí sus tumbas.

Al templo de Karnak llego dando un paseo de 3km por el borde del río Nilo y dispuesta a cruzar siglos de historia en pocos pasos. La entrada te recibe con una sucesión de esfinges con cabeza de carnero que conducen a la sala hipóstila, un verdadero bosque de 134 columnas de papiro talladas cuya base es casi es mi altura.

En la siguiente sala encontramos el obelisco. Es, todavía a día de hoy, desconcertante como los egipcios pudieron extraer, transportar y alzar estos obeliscos y cuántos hombres se empleaban para estas tareas. Se dice, por lo que se ha encontrado en piedras talladas, que los obeliscos los traían de Aswan, los extraían enteros de una sola piedra y los transportaban en barco hasta Luxor y otras ciudades.

La fascinación por los obeliscos ha sido tal que muchos de los que pasaron por Egipto quisieron llevarse uno. ¿Quién no ha visto el obeliscos de Central Park en Nueva York o el de París en la Plaza de la Concordia o el de Londres? En mi opinión deberían estar en Egipto porque conservar los monumentos en su lugar de origen es importante, le dicen a un pueblo de donde vienen y quiénes son y en Egipto todavía queda mucho por explorar.

Desde el templo de Karnak tenía lugar, una vez al año y coincidiendo con la crecida del río Nilo, una procesión encabezada por el faraón seguido de sacerdotes, músicos y miembros del ejército hasta el templo de Luxor (que hoy queda enclavado en el centro de la ciudad) bien por la avenida de las esfinges que conectaba ambos templos o bien por el río Nilo. Esta festividad se hacía en honor a la triada tebana: Amon, Mut y Jonsu.

Hoy en la entrada al templo de Luxor se mantienen en pie las esfinges y las dos estatuas de Ramses que parecen darte la bienvenida. Además en el interior del templo hay una mezquita que refleja la llegada del islam a estas tierras. Estoy en el punto exacto donde a la vez que veo jeroglíficos en columnas del antiguo Egipto también escucho la llamada al rezo.

¡Qué extraño emocionarse al despedirse de piedras! Elegí este título porque a mi viaje por el río Nilo le quedaba muy poco y todo lo que había visto ese día y los anteriores eran piedras pero eran piedras que escondían la vida de una civilización muy avanzada, una historia interesante como pocas y unos secretos que a día de hoy no se han podido descifrar.

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