Shanghai: enfrentándome a China

  

Este viaje no ha tenido un esencia puramente turística porque he pasado muchos horas en la oficina pero me ha dado tiempo a sentir que Shanghai es una burbuja para chinos, algo diseñado a medida con precisión milimétrica por y para ellos. Aunque estuviera aquí años y años creo que nunca podría sentirme parte de esta sociedad.

Shanghai me ha hecho pensar en el comportamiento de las personas. Tanto China como India tienen más del mil millones de habitantes pero mientras en Shanghai la masa camina siguiendo unas normas cual ejército, en Nueva Delhi nadie entiende de reglas. Esto pinta dos sociedades similares en tamaño pero gobernadas de distinta forma.

También he notado que Shanghai es mucho más cerrada que Hong Kong y Taipei: no se habla inglés, internet está muy bloqueado (google, whatsapp, gps, redes sociales…), hay muchos carteles no traducidos a nuestro alfabeto y si vas a un restaurante necesitas foto para entender el menú. Esto hace de Shanghai una ciudad exótica pero complicada cuando te estas iniciando en China.

En Shanghai la barrera del idioma, o hablas chino o estas jodido, hace el día a día complicado especialmente con los taxistas que no se cortan en gritarte y echarte del taxi cuando ven que no hablas chino. La mayoría ni se molestan en parar así que te queda recurrir a una aplicación china tipo uber.

Cosas de chinos es quedarse dormido encima de la mesa de un restaurante después de comer. Cosas de chinos es trabajar con ellos y que se duerman en un sillón los tres sentados en fila, solo les faltaba roncar. Cosas de chinos es ir el fin de semana a People’s square a buscar pareja para tu hijo o nieto descripción y foto incluida sobre los cientos de paraguas que se aglutinan en esta plaza.

He mejorado mi técnica de comer con palillos porque no he cogido un tenedor durante una semana, me he sentado en una mesa circular con una rueda giratoria para compartir la comida pero no me ha gustado el ruido que hacen los chinos cuando comen. Y para típico el baijiu, una bebida china asquerosa que beben en chupitos al grito de “gambei”, la versión china de “hidalgo”.

El poco turismo que he hecho en Shanghai lo he caminado hasta tener agujetas. Me bajé en el metro Lujiazui y la plataforma elevada circular me dio una buena panorámica del segundo edificio más alto del mundo con 632m, la torre de Shanghai. Caminé hacia el río y pillé un carril bici con buenas vistas de la Perla de Oriente, una torre de televisión con una bola circular en medio que se ha convertido en icono de Shanghai.

Siguiente parada, metro Nanjing East Road para llegar caminando a The Bund que por la noche tiene la mejor vista de los rascacielos iluminados. Si, todos soñamos con una foto aquí solitos pero es imposible porque en Shanghai vayas donde vayas te encuentras con la riada humana y ordenada.

Pensaba que tenía todo bajo control y fui directa a los jardines de Yuyuan andando pero me perdí y ví el otro Shanghai, el de las calles estrechas donde en las aceras los hombres echan una partida de ajedrez chino, donde se acaban las rascacielos y empiezan los tejados chinos tradicionales, donde se acaban las grandes marcas y empiezan los bazares, lo que conocemos en España como “tienda de chinos” pero multiplicadas por infinito.

De nuevo cojo el metro y me retiro a mis aposentos sabiendo que es cuestión de tiempo que vuelva a China para ver el país a fondo pero no para quedarme porque China es para chinos. 🙂

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