90 Katmandú: dos años y medio después del terremoto

 

Los primeros paseos por la capital de Nepal hacen que me pregunte: “¿quién se ha quedado las ayudas que países de todo el mundo donaron para que Nepal se recuperara del terremoto?”. Llevo casi veinte días en Nepal y la sombra de la corrupción aparece en cada esquina.

Estoy en la zona turística de Katmandú, caminando desde el barrio de Thamel hasta Durbar Square, inmersa en una nube de polvo con comerciantes que agitan el plumero limpiando souvenirs, con el tendido eléctrico caído pero apuntalado con palos que juegan a hacer equilibrio, resbalándome con las sandalias gracias al polvo. Parece que el terremoto fue ayer y no en 2015.

La sorpresa llega cuando desviándote a escasos metros del desastre, te asomas a una plaza y encuentras rincones como la Kathesimbhu stupa que se encuentra ya reparada. Da la sensación de que tras al terremoto se han dado prisa en arreglar cualquier cosa relacionada con la religión y han pasado de la gente y las infraestructuras.

Cuando hablas con otros viajeros te cuentan que Katmandú es una ciudad muy ruidosa y desagradable pero claro, todo depende con lo que compares. Para mi que he estado tres veces en India, Katmandú me ha parecido estupenda. En este primer paseo por la zona centro, hay menos ruido y menos agobio que en cualquier ciudad india.

¡TIMO 9! A lo lejos ya diviso Durbar Square y el gobierno nepalí, que no pierde baza, resulta que también cobra 1000 rupias por caminar por la plaza. A tener en cuenta que hoy en día no se pueden visitar todos los templos y palacios de Durbar Square porque muchos de ellos están apuntalados. Sinceramente, me sentí tan timada en Nepal que ese día me colé por debajo de unos andamios.

Primero, mil rupias es un exceso viendo el estado de la plaza. Segundo, mis rupias dudo que se destinen a restaurar los templos. Tercero, hasta los nepalís que trabajan como guías se quejan porque el alto precio de la entrada hace que los turistas no quieran pagar una visita guiada con lo que el dinero le llega al gobierno pero no a la gente de a pie.

En mi visita a Durbar Square descubrí algo de lo que nunca había oído hablar. En el palacio Kumari Bahal vive la kumari o lo que es lo mismo una diosa viviente de carne y hueso, una niña a la que por cosas del oráculo le encasquetaron un buen “marrón”. Este tema dio vueltas en mi cabeza día tras día así que haré un artículo sólo para hablar de esto.

Mi primer paseo por Katmandú fue positivo porque me gustó y supuso un cambio de aires en mi viaje pero también fue un paseo crítico en el que me costó entender cómo Katmandú sigue en este estado en el que edificios y polvo te recuerdan que hace dos años y medio hubo un terremoto.

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