56 Bikaner: a orillas del desierto del Thar.

 

Ayer tuve una crisis de las mías por el ruido, el descontrol, la gente y su manera de comportarse, de esto que dices ¡no puedo más! Pero en India tan pronto te sientes así, como coges un tren 15 horas, duermes toda la noche y te levantas con nueva motivación.

Mi nuevo sitio no tiene nada que ver con el anterior, de nuevo aunque sigo en India siento que he vuelto a cambiar de país. Del Ganges y las montañas de Rishikesh he pasado a Bikaner, al desierto y a una ciudad donde los camellos son uno más en las calles.

Bikaner es mi alto en el camino para partir el viaje hasta la lejana ciudad de Jaisalmer así que sólo pasaré 12 horas que son suficientes para llevarte una impresión decente de la ciudad y no cansarte.

La parte antigua de Bikaner es puro estado de Rajastan con bazares ruidosos, vacas, gente con peculiaridades raciales y basura a montones. Nada placentero para caminar si no fuera por algunos havelis que están reformados y ahora son hoteles.

Este barrio de Bikaner iba de marwaris, antiguos comerciantes que aprovechando las rutas de comercio a occidente amasaron una fortuna y decidieron construir sus propios palacetes de varias plantas, los havelis. Diseñados para mitigar los calores que azotan al desierto y favorecer las corrientes de aire, en el interior se encuentra un patio interior que era compartido por varias familias. Lo mas llamativo del interior son los frescos, los diseños de las ventana y los arcos.

Los havelis me han recordado a los riad de Marruecos. No entraba en mi presupuesto dormir en un haveli pero si puedes ir a comer al restaurante y aprovechar para ver alguno.

Tiré de motivación para seguir caminando por estas calles sin acera y polvorientas para llegar a un templo jainista y otro hindú. Tal era la saturación del ambiente que me di cuenta de que lo mejor era buscar un lugar tranquilo.

Mi mapa apuntaba al otro extremo de la ciudad, a Lalgarh Palace y Laxmi Niwas Palace, antigua residencia de los reyes de Bikaner reconvertida también en hotel. Aunque no te alojes puedes pasear por el recinto y los jardines desde donde estoy escribiendo estas líneas.

Camino de vuelta a la guest house pasando por el fuerte rojizo Junagarh Fort que domina el centro de la ciudad y pienso “¿Me falta un aro gigante en la nariz para ser local?”. En Bikaner he notado que despierto más curiosidad que en otras ciudades del Rajastan.

Hoy la curiosidad de los indios ha tocado fondo cuando un señor literalmente ha metido la cabeza encima de mi cuaderno para cotillear las hojas mientras esperaba el tren nocturno que me lleva de Bikaner a Jaisalmer. No entienden que por mucho interés que tengan hay que guardar un mínimo de distancia.

Me voy satisfecha de Bikaner habiendo paseado por rincones menos turísticos, evitando pisar el templo de las ratas vivas a la par que sagradas y la granja de camellos que tampoco me convencía.

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