9-11. Georgetown: la pintura es un poema sin palabras

Al llegar a Penang percibo un ambiente menos musulmán que en Kuala Terengannu y mucho más chino, lo que da a la ciudad un carácter más abierto, incluso se puede encontrar cerveza relativamente “bien” de precio.

Pasear por Penang es como recorrer un museo de historia ya que las casas coloniales de la época británica han quedado ancladas en el pasado o como recorrer un museo de pintura, no hay que perderse ningún rincón o callejón porque muchos de ellos esconden murales que dan rienda suelta a la imaginación.

Georgetown es la ciudad que más me ha gustado no solo para visitar sino para comer. En un especie de comedor chino en el que cada uno se sienta donde pilla tres dim sum de gambas con un bol de arroz pegajoso, un hojaldre relleno de cerdo bbq y una botella de agua costaba 17 ringits, al cambio de hoy 3 euros.

O en un puesto de la calle una sopa de noodles con cachitos de cerdo y verduras no pasaba de 6 ringits, 1.20 Euros. O un desayuno más accidental de bagel con queso y té verde, 12 ringits, unos 2.5 Euros.

También he aprovechado dos días en Georgetown para romper la rutina mochilera y salir del ambiente viajero. El viaje pega un giro de 360º cuando comes, vas de compras, sales de fiesta o haces cualquier cosa con alguien que está asentado en la ciudad y si es de México la diversión de multiplica especialmente en “love lane”, la calle con más bares y música.

Me llevo demasiados buenos recuerdos de Penang… 🙂

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